martes 15 de febrero de 2011




"The king´s speech" ("El discurso del rey"), 2010:

Director: Tom Hooper
Actores: Colin Firth, Geoffrey Rush, Helena Bonham Carter


El título dice bastante por sí solo y pone el énfasis en el discurso. La película comienza entonces con la imposibilidad de quien aún no es rey para poder dar un discurso en público. Se muestra toda la parcimonia de un locutor experto previa a la transmisión por radio, cómo aclara la garganta, cómo vocaliza para luego sí estar listo y salir al aire impecable, con la mejor dicción posible. En contraparte, el protagonista, duda frente al micrófono y ninguna palabra sale de su boca, solo un sonido gutural, la gartanta se cierra y se lo ve torturado, tenso y sin recursos para poder seguir.

En realidad, poco importa si se trata de un duque o de un rey o de alguien común. La película trata acerca de un pedido de ayuda o de varios intentos fallidos por hacerlo y una demanda que como se dice en Psicoanálisis, llega a buen puerto. Es decir, un hombre que se dirige a alguien a quien se le supone un saber para solucionar su problema de tartamudez, aunque en este caso esta demanda sea hecha por medio de su esposa. Es ella quien encuentra al terapeuta, también es ella la que acude a la primer entrevista, negocia ciertas condiciones en las que va a llevarse a cabo el encuentro y finalmente, también es ella la que lleva a su esposo al primer encuentro con el terapeuta.

El problema de este hombre, para el caso el duque de York parece acompañarlo desde siempre, como él dice, desde el nacimiento. Corregido por su terapeuta, puede corroborar como se le dice que nadie nace tartamudo y puede localizar entonces, que su problema comenzó a la edad de 4-5 años. Con métodos poco ortodoxos para un terapeuta del habla o para la época y, por momentos, intervenciones como las que haría un psicoanalista, el Sr. Logue -o Lionel- como él insiste en que lo llamen, intenta meterse de lleno en lo que es el problema de su paciente. Intenta diferentes acercamientos, hacerlo hablar, hacerlo leer escuchando música fuerte para no poder escucharse a si mismo, ejercicios vocales, etc. Y la clave parece estar en sacarlo al paciente de lo que a él le resulta conocido o relativamente cómodo. Le pide que hable, le insiste en que sí importa lo que tenga para decir, le pregunta y hasta llega a apostar para que el paciente -que se niega todo el tiempo y amenaza con no volver más, se enoja y hasta se esconde detrás de su título para que no le hagan hacer nada que no quiere- para que siga, que continúe desnudando la verdad de su síntoma.

Es un trabajo arduo lograr que el paciente confíe en los métodos y en la persona del terapeuta y ese camino está lleno de idas y vueltas y también enojos. Pero me parece esencial la premisa con la que Lionel inicia el tratamiento: "aquí somos iguales". Y con eso, el terapeuta cuenta con cierta autoridad para poder imponer ciertas reglas "my castle, my rules" que van a darle forma a un tratamiento muy particular que deviene en amistad. Incomodar al sujeto pero sin ofender -decía alguna vez una profesora que tuve- y tal parece ser el método de Lionel como el de cualquier analista. Incomodar para que algo de la monotonía del síntoma se sacuda pero sin llegar a ofender para no hacer peligrar el tratamiento.

1 comentarios:

Flor de Lis dijo...

Me encantó la película a pesar de que fui al cine con ciertas reservas en lo que a la identidad de los personajes respecta. Pasados los primeros minutos comprobé que, como bien decís, la historia iba más allá de lo anecdótico y pude disfrutarla plenamente.

Tu interpretación me pareció excelente y vuelvo a repetirte que me encanta cómo escribís. Y desde ya, concuerdo plenamente!

Un besote!