Que el desarrollo profesional cuando se intenta ser un profesional independiente es difícil, ya se sabe. En general, para todos aquellos que han elegido una carrera humanística y que, en el mientras tanto, han tenido que trabajar de otra cosa, llega un momento en el que se plantea la duda de si seguir formándose en lo que se eligió estudiar inicialmente o aumentar la capacitación adquirida en el trabajo, aún cuando no tenga nada que ver con lo que se estudió.
Es un dilema y es complicado porque quien estuvo trabajando varios años en algo, generalmente ya está habituado a ese área de trabajo, conoce más o menos ciertos aspectos del negocio en el que trabaja, con el agregado de que, una vez recibido, al momento de intentar trabajar de la profesión, se hace cada vez más difícil y por qué no, frustrante. Y cuando se piensa desde la frustración la salida sencilla parecería apuntar hacia la posibilidad de quedarse y desarrollarse en el trabajo actual y resignarse y dejar la profesión elegida. Eso, obviamente siempre que exista la posibilidad de crecer en el trabajo en el que se está, cosa que no siempre es así.
La disyuntiva parece estar presente no siempre pero sí en muchas de las decisiones que uno tiene que tomar a lo largo de la vida. Y la verdad es que no es fácil. No es fácil decidir, no es fácil saber qué es lo que se quiere y una vez que se sabe, jugarse por eso. Seguramente un elemento fundamental que haga falta para poder hacerlo sea la confianza. Confianza en uno mismo, digo. Y eso que a mucha gente le sale solo, que parece que ya nació con confianza, no todos la tienen. La confianza en lo que uno puede hacer/ser, la seguridad, no va a venir del Otro así que mejor dejar de buscarla en el afuera y tratar de ubicar de qué resortes depende, porque en definitiva, eso está en uno.


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