Quien nunca haya sentido celos, seguramente o esté mintiendo, no se haya dado cuenta o simplemente no tenga buena memoria. Todos hemos sentido celos de alguna u otra persona. Los celos pueden ser por un hermano, un amigo, una pareja o casi cualquier relación que se tenga y que sea significativa para uno. Por supuesto que hablamos de los celos normales. En otra categoría entrarían los celos patológicos por los cuales quien cela al otro cree ver en las actitudes del otro cualquier indicio de infidelidad o engaño, cuando en realidad, seguramente se trate de la propia desconfianza e inseguridad.
Pero volvamos a los celos comunes que todos hemos sentido alguna vez. En realidad no es difícil ver de dónde vienen. Claramente todos quisiéramos ser favoritos de esa persona a quien queremos. Si se trata de los padres, ser el más querido, si se trata de una pareja ser el único/única para el otro y esto puede llevarse al límite del absurdo. Hasta creer que el otro no debería necesitar a nadie más porque total nos tiene a nosotros. Todo esto tiene que ver con el objeto de amor que uno tiene.
Normalmente se habla de los celos del hermano mayor cuando llega el hermano más chico. Por supuesto que la llegada de un nuevo niño, aún cuando no se le reste atención al más grande, hace que esa atención deba ser repartida entre ambos y que entonces, el más grande pierda el estatuto de “único”. Lo que en esos casos debería poder pensarse es que en realidad “único” no tiene por qué ser sinónimo de “uno solo”. Así se puede tener muchos hijos y cada uno de ellos ser “único” para los padres: por la propia singularidad de cada uno de los hijos, los gustos, las afinidades, etc. No obstante, esto es difícil que lo entienda un nene chiquito. Para el nene, solamente se trata que donde había un solo niño -él- ahora hay dos o más. Y esto puede desembocar en dos caminos que no necesariamente van por separado: extrañamiento de la madre y enojo hacia el hermano.
En el caso del extrañamiento de la madre, por algún motivo, muchos chicos parecen hacer responsable casi exclusivamente a la madre por el nacimiento de un niño menor, no teniendo en cuenta la participación y decisión del padre también en ese hecho. Tampoco se tiene en cuenta que el hermano menor tampoco es responsable de su propia llegada, simplemente se lo agrede y se intenta que no esté como si él fuera culpable de algo y hubiese elegido él venir a desplazar al hermano mayor. Por lo que se pelea entonces es por un lugar en el Otro materno y también paterno.
Dijimos que lo que está en juego en los celos, es el lugar que uno tiene en el Otro. Este lugar está dado por el qué soy para el Otro. Normalmente, el niño puede tener una idea de qué es lo que sus padres quieren que sea y así crea su propia respuesta a esta pregunta. No obstante, la aparición de un hermano, hace pensar que evidentemente no se es todo lo que el Otro querría, o mejor dicho, no se es el objeto que tapona el deseo del Otro, porque si el niño taponara perfectamente el deseo del Otro materno, entonces esa madre no querría ni otro niño, ni un esposo, ni ninguna otra cosa. Lo que esta situación viene a mostrar es la barradura del Otro, es decir, que el Otro no es completo y que por lo tanto, desea. Y si desea, siempre desea algo, y ese deseo va más allá del niño. Lo cual, representa lo mejor que puede pasarle a un niño, porque quedar entrampado en la boca del cocodrilo, siendo lo que completa a su madre, no le da estatuto de sujeto sino que lo deja en posición de objeto de la madre.
Ahora bien, si la madre tiene un deseo de “otra cosa” todo marcha bien, no obstante, no es lo mismo para el niño percatarse de que la madre desea otra cosa que él, sino también que puede querer a otro niño. Ahí es cuando el otro niño se representa como rival y como tal, hay que destituirlo. Así se escucha que niños ya más grandes que pueden verbalizar sus celos, mediante su lenguaje pueden intentar descalificar al rival diciendo frases como por ejemplo “¿por qué queremos a fulanito si es tan feo o si no habla ni camina” o incluso llegar a preguntar “¿para qué lo queremos a fulanito si estábamos tan bien sin él”. De lo que se trata aquí es del temor de perder el amor de los padres.
En todos estos casos, lo ideal sería (subrayo “ideal”) que se le pudiera hacer saber al niño que la presencia de un hermano menor no lo reemplaza ni que tampoco implica que haya algo malo con él por lo cual los padres quisieron tener un segundo niño. Pero cuando digo “ideal” lo digo porque esto no es tan sencillo. Las palabras que aquí menciono son apenas atisbos de una reflexión y resultan sumamente generales. El tema de los celos además de tener esta pequeña explicación también van a estar contaminados con las particularidades de cada familia, así adoptarán una modalidad singular y diferente para cada niño.
No existen recetas pero sí queda claro que se trata de un proceso que en algún momento irá desapareciendo o cuya intensidad irá disminuyendo. Para ello habrá que armarse de paciencia, tratar de hablar y demostrarle al niño cuánto lo queremos y no por ello descuidar al niño menor que por otro lado, no tiene la culpa ni ha hecho nada para generar los celos de su hermano. Sí me parece que hay que retarlo al niño si agrede a su hermano porque el niño menor no tiene por qué ser castigado por el mayor solo por haber venido después. El resto será paciencia, paciencia y más paciencia.
Pero volvamos a los celos comunes que todos hemos sentido alguna vez. En realidad no es difícil ver de dónde vienen. Claramente todos quisiéramos ser favoritos de esa persona a quien queremos. Si se trata de los padres, ser el más querido, si se trata de una pareja ser el único/única para el otro y esto puede llevarse al límite del absurdo. Hasta creer que el otro no debería necesitar a nadie más porque total nos tiene a nosotros. Todo esto tiene que ver con el objeto de amor que uno tiene.
Normalmente se habla de los celos del hermano mayor cuando llega el hermano más chico. Por supuesto que la llegada de un nuevo niño, aún cuando no se le reste atención al más grande, hace que esa atención deba ser repartida entre ambos y que entonces, el más grande pierda el estatuto de “único”. Lo que en esos casos debería poder pensarse es que en realidad “único” no tiene por qué ser sinónimo de “uno solo”. Así se puede tener muchos hijos y cada uno de ellos ser “único” para los padres: por la propia singularidad de cada uno de los hijos, los gustos, las afinidades, etc. No obstante, esto es difícil que lo entienda un nene chiquito. Para el nene, solamente se trata que donde había un solo niño -él- ahora hay dos o más. Y esto puede desembocar en dos caminos que no necesariamente van por separado: extrañamiento de la madre y enojo hacia el hermano.
En el caso del extrañamiento de la madre, por algún motivo, muchos chicos parecen hacer responsable casi exclusivamente a la madre por el nacimiento de un niño menor, no teniendo en cuenta la participación y decisión del padre también en ese hecho. Tampoco se tiene en cuenta que el hermano menor tampoco es responsable de su propia llegada, simplemente se lo agrede y se intenta que no esté como si él fuera culpable de algo y hubiese elegido él venir a desplazar al hermano mayor. Por lo que se pelea entonces es por un lugar en el Otro materno y también paterno.
Dijimos que lo que está en juego en los celos, es el lugar que uno tiene en el Otro. Este lugar está dado por el qué soy para el Otro. Normalmente, el niño puede tener una idea de qué es lo que sus padres quieren que sea y así crea su propia respuesta a esta pregunta. No obstante, la aparición de un hermano, hace pensar que evidentemente no se es todo lo que el Otro querría, o mejor dicho, no se es el objeto que tapona el deseo del Otro, porque si el niño taponara perfectamente el deseo del Otro materno, entonces esa madre no querría ni otro niño, ni un esposo, ni ninguna otra cosa. Lo que esta situación viene a mostrar es la barradura del Otro, es decir, que el Otro no es completo y que por lo tanto, desea. Y si desea, siempre desea algo, y ese deseo va más allá del niño. Lo cual, representa lo mejor que puede pasarle a un niño, porque quedar entrampado en la boca del cocodrilo, siendo lo que completa a su madre, no le da estatuto de sujeto sino que lo deja en posición de objeto de la madre.
Ahora bien, si la madre tiene un deseo de “otra cosa” todo marcha bien, no obstante, no es lo mismo para el niño percatarse de que la madre desea otra cosa que él, sino también que puede querer a otro niño. Ahí es cuando el otro niño se representa como rival y como tal, hay que destituirlo. Así se escucha que niños ya más grandes que pueden verbalizar sus celos, mediante su lenguaje pueden intentar descalificar al rival diciendo frases como por ejemplo “¿por qué queremos a fulanito si es tan feo o si no habla ni camina” o incluso llegar a preguntar “¿para qué lo queremos a fulanito si estábamos tan bien sin él”. De lo que se trata aquí es del temor de perder el amor de los padres.
En todos estos casos, lo ideal sería (subrayo “ideal”) que se le pudiera hacer saber al niño que la presencia de un hermano menor no lo reemplaza ni que tampoco implica que haya algo malo con él por lo cual los padres quisieron tener un segundo niño. Pero cuando digo “ideal” lo digo porque esto no es tan sencillo. Las palabras que aquí menciono son apenas atisbos de una reflexión y resultan sumamente generales. El tema de los celos además de tener esta pequeña explicación también van a estar contaminados con las particularidades de cada familia, así adoptarán una modalidad singular y diferente para cada niño.
No existen recetas pero sí queda claro que se trata de un proceso que en algún momento irá desapareciendo o cuya intensidad irá disminuyendo. Para ello habrá que armarse de paciencia, tratar de hablar y demostrarle al niño cuánto lo queremos y no por ello descuidar al niño menor que por otro lado, no tiene la culpa ni ha hecho nada para generar los celos de su hermano. Sí me parece que hay que retarlo al niño si agrede a su hermano porque el niño menor no tiene por qué ser castigado por el mayor solo por haber venido después. El resto será paciencia, paciencia y más paciencia.


0 comentarios:
Publicar un comentario