Los abuelos -y abuelas- son un parentezco que ha sufrido una transformación importante en las últimas décadas. Ser abuela ya no es ser una viejita con rodete sino una mujer con mucha vitalidad, quizás con más tiempo libre que cuando crió a sus propios hijos. Ser abuelo lo mismo, no se trata del viejito que juega ajedrez en la plaza -o al menos no solo eso- sino de alguien que puede o no todavía trabajar pero que aún tiene vitalidad y ganas de hacer cosas. Sobre todo, cuando los hijos propios son chicos, ellos son grandes pero no son viejos y, en muchos casos, como con mis hijos y mis padres, ellos desempeñan un rol fundamental en su vida.

Es cierto que los abuelos no son de por si quienes tienen por qué encargarse del cuidado de los nietos. Es decir, no tienen por qué hacerlo, no es su obligación. No tienen por qué trabajar cuidando a sus nietos si así no lo quisieran. Porque una cosa es disfrutar de los nietos y otra cosa es tener que ocuparse de ellos, con toda la responsabilidad que ello conlleva. Pero es cierto también que muchos de ellos quieren. Mis padres quieren y por mucho que yo les diga que si no quieren no tienen por qué hacerlo, ellos aceptaron y aceptan ese rol. Al menos, por ahora.
Algunos pueden pensar que ser abuelo es otra cosa, que se trata de malcriar y no de criar a los nietos y puede que esto sea cierto, que ponerlos en ese lugar de responsabilidad puede ser complicado. Quizás en algunos casos, sí.
Respeto a aquellos que eligen disfrutar de los nietos y no quieren o no pueden aceptar la obligación de cuidarlos. Después de todo, no tienen por qué tomar esa obligación. Mis viejos no son de ese estilo. Mis viejos han decidido poner el cuerpo -como se dice en Psicoanálisis- y ser abuelos de tiempo completo. Es decir, están ahí para tomar el relevo toda vez que haga falta. Son los que aún en el cuidado cotidiano le pueden poner onda a la obligación y también al cansancio -porque es obvio que esa tarea cansa- en pos de que los chicos estén bien. Mis viejos, los abuelos de mis chicos, son de fierro: saben desde cambiar pañales, dar de comer (e insistir para que coman), hasta bancarse los caprichos más densos de mis hijos, entretenerlos, jugar con ellos, consolarlos cuando les pasa algo, saben qué cosas les gustan a los chicos y qué cosas no, saben tenerles paciencia y también retarlos cuando hace falta.
Yo no tuve de esos abuelos. Los míos eran más de contacto esporádico y poca bola. Quizás por eso no sea la indicada para decir lo que es ser un abuelo. Lo único que puedo decir es: ¡gracias por ser los abuelos de mis chicos, ojalá yo hubiera tenido abuelos así!


1 comentarios:
Me encantó lo que escribiste y también las fotos en sepia. A full abueleando con los chiquis! Besotes!
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