martes, 27 de marzo de 2012

Black mirror

Se trata de una serie de tres episodios. Nada de hacer series de muchas temporadas en las que la idea original se diluye por el afán de agregar más y más capítulos. “Black Mirror” llega con tres episodios cuyo denominador común es la tecnología y el uso que cada uno hace de ella. Se trata de una mirada crítica al tema de lo obsceno de la mirada: cómo se lleva a forzar a una persona a la humillación máxima ofrecida a la mirada de un público que lejos de angustiarse, no puede dejar de mirar. Un mundo virtual en el que también todo pasa por la mirada, por la compra y venta de créditos para seguir mirando y perpetuar una existencia de consumidor/televidente. Una realidad ¿futura? en la que la memoria es reemplazada por un chip que permite revisar una y otra vez cada uno de los segundos transcurridos para que justamente, nada se pierda y todo pueda ser recuperado y escudriñado, el festín del neurótico obsesivo. Cruda, pesimista (si se piensa que muestra más lo peor del ser humano que lo mejor) pero hay que verla.



martes, 20 de marzo de 2012

Los cambios son difíciles casi siempre. Uno se acostumbra a estar en un determinado lugar. La escuela por ejemplo tiene sus rincones, el olor particular del aula, el aspecto, el uso que cada uno hace de ese espacio que pasa de ser desconocido y nuevo a ser el lugar de uno. Así, uno convierte lo extraño en lo propio. Y ese proceso no se da en un par de días, puede llevar tiempo y hasta puede pasar que algo del lugar nuevo no sea incorporado nunca. Quién sabe por qué ¿Qué hace que un lugar se sienta como propio casi al instante, cuando uno puede decir “me siento como en casa” y otros, en cambio, a uno, por su propia historia le resultan más hostiles?

¿Se le puede poner tiempo a la adaptación? Si se trata de un cambio de establecimiento, de compañeros de clase y de costumbres (porque en definitiva, cada institución y hasta diría cada sala con su respectiva maestra tiene sus propias costumbres) ¿se puede fijar un tiempo en el que un nene ya debería estar adaptado? ¿Adaptado significa que le guste y no proteste? ¿Que pueda quedarse sin sentirse incómodo? ¿Que no sienta esa sensación de desamparo de cuando se entra en un lugar nuevo? Si se trata de cruzar toda esa barrera de sensaciones entonces quizás no podamos ponerle tiempo sino que sea algo que se va dando paulatinamente y sin darnos demasiada cuenta de ello.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Lo mejor para ellos

La frase que da título a esta entrada es esa frase que cada madre y padre seguramente ha pensado o pronunciado muchas veces. Se refiere al deseo que cada uno deposita en sus hijos, a eso que como padres decimos "quiero lo mejor para mis hijos" y, lo que queda implícito y olvidamos en este enunciado es que se trata de lo que uno cree que es lo mejor, o sea, "lo mejor para mis hijos -según mi opinión".
El punto es que, al tratarse de chicos, los padres tienen que decidir por ellos: se eligen ciertos criterios de crianza, qué cosas dejarlos hacer y qué cosas no, qué actividades se les hace probar y siempre lo que prevalece es el criterio de los padres.
El criterio que cada uno tiene, el punto de vista, sabemos está sesgado por la propia subjetividad. No vemos todo el espectro de cosas sino que solo somos capaces de ver una "porción" de la realidad que es la que nos está permitida ver por nuestro propio fantasma, aquel marco que hemos mencionado muchas veces que es el que separa de alguna manera lo que podemos ver de lo que no. Y es por eso que, sobre todo si se trata de decidir sobre la vida de otros, los hijos, siempre se avanza a tientas, probando y ensayando diferentes soluciones y, en el mejor de los casos, tratando de ver cuál es el resultado inmediato -cuando se puede- para ver si eso que elegimos es acorde a lo que nuestros hijos necesitan o quieren.
Y es por esto que es tan difícil sopesar las opciones acerca de qué escuela queremos para ellos, porque que sea la que nosotros queremos no implica que allí ellos estén bien o mucho más, que les guste. Por eso en este camino no hay recetas, podemos probar y siempre intentar escuchar lo que los hijos dicen y también estar atentos a lo que no dicen. Menuda tarea!

Artículo: "Abandono del tratamiento: el trabajo y la espera en cuestión"

Artículo aparecido en la revista "El Semejante", No. 82 de Diciembre 2011, ahora también se puede leer desde acá:

lunes, 14 de noviembre de 2011

Artículo: "Breve comentario sobre la constitución subjetiva"


En el próximo número de la revista "El Semejante"


martes, 11 de octubre de 2011

jueves, 1 de septiembre de 2011

Qué pasa con la responsabilidad?

Hace mucho que no escribo y hoy luego de leer el diario, ver las actualizaciones de facebook necesito escribir sobre algo que nadie dice, posiblemente porque no quede bien decirlo y esto es la falta de responsabilidad de las personas o esa actitud por la cual la culpa siempre la tiene el otro.

Paso a explicarme en detalle. La muerte de un chico siempre es algo terrible porque abre la dimensión de lo indefenso que se puede estar ante un supuesto ataque externo y allí queda en evidencia -en algunos casos- que hay un punto en el que no importa cuánto se pueda cuidar a un hijo, hay cosas que pueden pasarle. Pero otro tema diferente es cuando una tragedia es aprovechada con fines políticos y se arma toda una cuestión mediática alrededor de eso y entonces, por la desaparición y muerte de un chico, ya se pasa de reclamar justicia a suponer que todo está mal, que ya no se puede vivir acá, y etc. etc. Ante estos casos en los que se meten los medios -porque chicos desaparecidos hay y hubo siempre y no todos los casos han tenido tanta repercusión en la gente simplemente porque no todos los casos llegan de ese modo a la televisión y las redes sociales- la gente llega a olvidar u omitir ciertos aspectos de la situación que son importantes pero que quedan velados. Con lo cual podríamos preguntarnos: ¿se siente la tragedia ajena solo cuando circula por internet y televisión?

Si digo que hay una serie de aspectos que quedan velados de la situación es porque parece que lo único que puede escucharse es que ha muerto un chico y no las circunstancias de esa muerte. La madre, inmediatamente es convertida en víctima, desplazando este adjetivo del chico a la madre y se pierde de vista que quien ha fallecido es el hijo. La madre en todo caso, tendrá que vivir con eso y lo que sorprende, lo que queda olvidado, es la responsabilidad de esa madre y también del padre por lo que ocurrió. Se supone que nadie tiene la culpa -excepto el asesino- y se desconocen los motivos por los cuales falló la protección de los padres. Así, en este último caso del que hemos sido testigos, se olvida la responsabilidad del padre en lo que resultó ser "un ajuste de cuentas", se olvida que la madre sabía qué era lo que pasaba -y por eso su seguridad al afirmar que ya estaban cerca-, se olvida que deliberadamente, la familia optó por no decirle a la policía acerca de las llamadas extorsivas que había recibido, etc. No porque todo esto resulte en que no se trató de una tragedia porque una muerte de este estilo siempre lo es, pero no nos confundamos, la víctima es la hija y lo terrible no es solamente que alguien mate a un chico sino también que los padres encubran la situación para protegerse a ellos mismos.

Hoy por hoy, pareciera que uno no es responsable de nada, y entonces, si no somos responsables de nada y nada podemos hacer para cuidar a nuestros hijos, se cree que todos estamos indefensos e impotentes y entonces se reclama el famoso discurso de la inseguridad. Y esto no es así porque una madre que dice que dejó ir a su hija sola "porque no había un alma en la calle" es parcialmente responsable por lo que pueda pasarle a su hija. No cualquiera deja ir sola a su hija cuando no hay nadie en la calle, no cualquiera elige qué información darle a la policía y cuál no para no perjudicar a su marido, no cualquiera elige desproteger a un hijo para protegerse a sí mismo.

Entonces, lo trágico no solo es la muerte de un chico sino también que las cagadas de los padres se tengan que pagar con la vida de los hijos y que encima, los padres no puedan ver su responsabilidad en todo eso.